Santo Domingo, R.D. – 22 de abril de 2026 – Una nueva fase de transformación se observa en las zonas francas de República Dominicana, que se dirigen hacia la producción de componentes de microchips o semiconductores.
Este cambio industrial implica el aumento de técnicos especializados en electrónica, mecatrónica y materiales, así como de ingenieros, y una reducción del trabajo no calificado. Requiere incursionar en procesos de ultraprecisión, control de calidad y la integración en cadenas globales.
La entrada en la industria de los microchips representa un cambio significativo, no simplemente un paso adicional. Es diferente ensamblar equipos electrónicos que producir componentes de semiconductores.
Esta nueva dimensión industrial demanda capital intensivo, infraestructura especializada, una industrialización avanzada basada en capacidades, talento calificado y políticas industriales consistentes.
A pesar de las exigencias, la base ya existe. Los datos indican una transición hacia un mayor valor agregado, con cambios en el empleo y la producción. La apuesta por los microchips es coherente con esta tendencia, y podría impulsar a las zonas francas hacia un nuevo estadio de desarrollo si se ejecuta correctamente.
El país cuenta con ventajas como su ubicación estratégica, cercanía a Estados Unidos (un mercado principal de semiconductores), ventajas en el Nearshoring frente a Asia y tiempos logísticos reducidos.
Además, hay una experiencia acumulada en zonas francas, con un crecimiento del 33% en dispositivos médicos entre 2010 y 2025, y del 13.9% en electrónicos. Estas cifras muestran que el país cumple con estándares internacionales, maneja procesos de precisión y posee una cultura exportadora.
Un factor crítico es la energía. La industria de semiconductores requiere un suministro eléctrico estable y de calidad, sin interrupciones, ya que cualquier falla afecta la producción.
El fortalecimiento del capital humano técnico es otro desafío. El aumento de técnicos (del 10% al 26% entre 2006 y 2025) refleja un aprendizaje industrial y una transición hacia una mayor sofisticación. Esto facilita el avance hacia el ensamblaje electrónico avanzado.
La clave reside en posicionarse en eslabones específicos donde exista capacidad de respuesta. Entre las etapas viables para el país se encuentran el ensamblaje, prueba y empaquetado (ATP), que son menos intensivos en capital que la fabricación de chips y para los cuales ya existe capacidad técnica.
Un segundo ámbito viable son los componentes electrónicos intermedios, como sensores, módulos electrónicos y subensambles. Estos conectan con los dispositivos médicos y electrónicos donde el país ha demostrado fortalezas.
Un tercer sector es la manufactura de soporte, que incluye cables especializados, conectores y piezas de precisión.
Las zonas francas han evolucionado de un modelo de ensamblaje a uno que incluye pensamiento, diseño y creación, abriendo el camino hacia el valor agregado y el bienestar.

